Sucedió en una ciudad del noroeste de la Provincia de Buenos Aires, hace casi 50 años, frente al Cine principal de la ciudad, se encontraba una pizzería, donde concurrían muchísimas personas durante todo el día, en especial de noche, la pizzería en cuestión, era la más grande e importante, punto de encuentro para socializar en los fines de semana especialmente.
En una oportunidad, la esposa de uno de los hermanos, que eran dueños de dicho negocio, tuvo un pequeño inconveniente con una de las heladeras comerciales de esa época, eran de madera por fuera, con las manijas de metal, donde se depositaban las bebidas para que se encuentren frías al momento de servirlas.
Un buen día por la mañana, la mujer va a atender a un comensal ya entrado el mediodía, y cuando agarra la manija para abrir la heladera, siente corriente que le hace soltar del susto, la bebida que había agarrado, inmediatamente llama al electricista más importante del pueblo, este manda a su empleado para que revise la situación en el local en cuestión.
Cuando llega el empleado del electricista, saca su busca polo, comienza a revisar todo y no encuentra nada, para el se encontraba todo en orden y sin problemas, así se lo hizo saber a la señora del local y se retiró hacia el taller donde se encontraba su patrón y así proseguir con sus tareas.
Pasaron algunos minutos y la señora del local de la pizzería llamó nuevamente y de manera urgente al electricista, enojada por la situación por la que ella estaba pasando, temiendo quedarse pegada y electrocutada por la tensión que tenía la heladera que hacía pocos minutos ya había revisado su empleado.
El electricista se hizo presente en persona en el local, dándole a la señora, la seguridad que el con su experiencia, solucionaría el problema, sacó todas las herramientas y probadores de tensión de electricidad y se puso a revisar la heladera en cuestión, probó con todo lo que tenía y nada, todo se manifestaba normalmente, pero la señora al tocar la heladera sentía la corriente pasar por su cuerpo.
La señora, le pidió al profesional que algo no estaba bien y que ella no se quedaría tranquila, temiendo quedar electrocutada, en ese momento el electricista le dice a la señora, mire señora, voy a tocar la manija de la heladera que usted dice que tiene corriente, con la parte más sensible del cuerpo, así sabrá que no tiene de que preocuparse por nada más y así la señora se quedo tranquila.
El electricista, saca su lengua y la apoya justo en la manija de la heladera, la mujer lo miraba impávida y en el preciso momento que el electricista apoya su lengua en la manija, la electricidad que el no registraba y ningún aparato tampoco, recorrió todo su cuerpo aflojándose así todos los músculos del cuerpo, en el mismo instante al pobre electricista, se le escapó un tremendo pedo, fue tan estrepitoso y vergonzoso, que se levantó y se fue del local corriendo y sin saludar a nadie.
Horas después, llegó el empleado del electricista a buscar las herramientas dejadas en el local por el mismo.
Nunca más apareció por el local…
Cosas que pasan en pueblos del interior y que pocos conocen !!!
José Hoffman..-
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